Si tienes dinero parado en la cuenta o en efectivo, la inflación lo va desgastando en silencio. En esta guía aprenderás qué es la inflación, por qué ocurre y cómo utilizar las inversiones para proteger tu poder adquisitivo a largo plazo.
La inflación es el aumento generalizado y sostenido de los precios de bienes y servicios. Cuando hay inflación, cada año necesitas más dinero para comprar lo mismo que antes.
En otras palabras, aunque el número de euros en tu cuenta no cambie, tu poder adquisitivo se reduce: puedes comprar menos con la misma cantidad de dinero. Esta es la razón por la que muchos ahorradores sienten que “todo está más caro” incluso cuando sus ingresos no bajan.
La inflación no aparece de la nada. Suele ser la consecuencia de varios factores que empujan los precios hacia arriba. Estas son algunas de las causas más habituales:
Cuando se amplía mucho la cantidad de dinero en circulación o se abaratan los tipos de interés, las personas y empresas tienen más liquidez para gastar. Si la oferta de productos no crece al mismo ritmo, la consecuencia suele ser una subida de precios.
Si a las empresas les cuesta más producir (por ejemplo, porque sube la energía, las materias primas o los salarios), lo normal es que trasladen parte de ese incremento a los precios finales. Es lo que se conoce como inflación de costes.
Guerras, crisis logísticas o desastres naturales pueden provocar escasez en productos clave (alimentos, transporte, componentes electrónicos…). Con menos oferta disponible, los precios pueden dispararse hasta que la situación se normaliza.
Si empresas y consumidores esperan que los precios suban, es posible que se adelanten subiendo tarifas o pidiendo aumentos salariales. Eso, a su vez, puede alimentar todavía más la inflación. Es un efecto psicológico que se vuelve real en la economía.
Una de las mejores formas de entender la inflación es ponerle números concretos a tu caso. Por ejemplo:
Este tipo de cálculo es clave para cualquier persona que quiera tomar decisiones financieras informadas y no dejar que la inflación vaya erosionando su ahorro poco a poco.
A primera vista, tener el dinero en efectivo o en una cuenta bancaria sin riesgo parece lo más seguro. Pero cuando introduces la inflación en la ecuación, esa sensación de seguridad cambia:
Esta pérdida es silenciosa porque no ves tu saldo disminuir. El número de euros no baja, pero la cantidad de cosas que puedes comprar con ese dinero sí.
Ninguna inversión es perfecta ni está libre de riesgo, pero a largo plazo hay activos que han demostrado ser más efectivos para combatir la inflación que dejar el dinero en efectivo. Algunos ejemplos:
Las empresas venden productos y servicios cuyos precios suelen subir con la inflación. Si las compañías son capaces de mantener márgenes y beneficios, el valor de sus acciones puede crecer por encima de la inflación en periodos largos.
Aportar de forma periódica (por ejemplo, mes a mes) te permite aprovechar el interés compuesto y suavizar las subidas y bajadas del mercado. Tu objetivo no es acertar el momento perfecto, sino construir una tendencia de crecimiento a largo plazo mejor que la inflación.
Una estrategia clásica para protegerte es diversificar entre distintos tipos de activos:
Desde Tu refugio puedes llevar un control de cómo tienes repartido tu capital en el gestor de portfolio y ver qué parte está realmente expuesta a la inflación (efectivo) y qué parte está invertida.
A partir de ahí, puedes plantearte objetivos: “¿Qué rentabilidad media necesitaría en mis inversiones para, al menos, igualar o superar esta inflación?”.